Supongo que es lo que me está costando más, la comida.
Está en cualquier calle por donde pases, por todas partes, mezclada con la venta de ropa y cosas (cosas inútiles, baratijas mil).
Desde que llegué a Bangkok tengo mucha menos hambre. Es que visualmente no me entra por los ojos. Es rara, rara, rara. Sopas con bolitas de colores que vete a saber qué será, carnes cortaditas y frutas diferentes, que me da miedo probar de los puestitos callejeros.
Creo que las fotos sirven para que uno se haga un poco a la idea.


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